lunes, 8 de noviembre de 2010

DE CORNUCOPIAS Y MÁQUINAS DE TÜRING, por Winehouse Dry


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Pues vengo de hacerme las pruebas de la alergia y resulta que no, que no tengo alergia, lo que me hace pensar que a veces el autodiagnóstico, por muy claro que lo vea uno, no tiene por qué ser cierto. El doctorsito, tras hacerme exactamente 23 minicortes en los bracicos, me ha dicho: está usted bien, sano como un roble, somatiza usted su tensión, su estrés y su angst moderno de una manera notable, déjeme que le lleve al círcorrr...


Así que llego a Dryville, hago mis cosas domésticas, chequeo el facebook, constato que la gente sigue loca de la cabeza y se empeña en lanzar mensajes íntimos a través del muro, y compruebo que me quedan exactamente una hora y cuarenta hasta que empiece Museo Coconut, desde la semana pasada, la única cosa que veo en la tele, junto con el Teledesgracias y Felipe y Letizia, tan mala que es buena, hoyga.


O sea, que tengo algo de tiempo para ponerme a hacer el julay y escribir un post sobre infidelidades teóricas y tetas en mayor o menor medida.


Bien, para mí, la infidelidad de pensamiento no cuenta como infidelidad. Una afirmación categórica que pretende indisimuladamente soliviantar a la muchachada y generar debate de los que acaban en reyertas a navajazos.

¿Que por qué? Bueno, primero una cosa, y luego la otra. O sea, primero el por qué, y luego los matices.

Creo que nuestro cerebro, al menos, el mío, genera constantemente un montón de pensamientos aleatorios, como si él mismo probara un montón de caminos evolutivos en modo embrión, y sólo algunos sobrevivieran según la ley del "tío las barbas". Podría explicar esto de manera sutil, pero seguro que no me entendería ni Clifford, o sea, que opto por usar ejemplos. Lo que pasa es que sólo se me ocurren ejemplos burdos, pero creo que me servirán. Pongamos por caso que un niño sufre una especie de Complejo de Edipo y esa noche, tras un castigo, desea con todas sus fuerzas que a su padre le pase por encima el camión de la Filarmónica de Londres y lo "aplastuche" y lo deje muertito. Bien, evidentemente, el niño no desea "realmente" eso. O sea, sí lo desea; pero si analiza su propio pensamiento, se da cuenta de que no, de que no le conviene y que, por tanto, no lo quiere.

Nuestro cerebro, a pesar de las evoluciones piaget-kohlbergianas y de toda la sofisticación del aprendizaje almacenado y en uso, genera pensamientos al azar, seguramente por estímulos externos, muchos de ellos inconscientes: piense por ejemplo, cuando sueñan que ponen A4 a su compañer@ de trabajo, a pesar de que les cae mal, o simplemente, nunca han pensado en él/ella de manera sessuarl de la pradera. Si no he acertado con el ejemplo del compi A4, busquen en su interior algún sueño inesperado y sorprendente que hayan tenido.


Me responderán, porque son ustedes muy así, que la vigilia no es igual que el sueño. Y yo les diré que no, que (para mí) los sueños tienen más en común con la vigilia de lo que creemos (lo que, en cierto modo, desmitologiza a los sueños y los asimila a los pensamientos que tenemos despiertos).


El caso es que los pensamientos tienen mucho de sublimación de impulsos (y aquí me declaro antidualista, por si alguno está pensando en escribir mi biografía intelectual, de pseudointelectual entristecido, of course, my darling), por ello, no tenemos un control especial sobre lo que pensamos, sobre los inputs que entran en nuestro procesador.


Por supuesto (si se marean, dejen de leer y tómense un cocacola), la clave de todo está en cómo gestionamos esos inputs, cómo cogemos un cinco por ciento de toda la riqueza mental que nos bombardea y le hacemos caso. Tematizamos muy poco de lo que nos pasa por la chola a velocidad de ADSL japonés. Yo diría que incluso menos del 5%.

Bien. Pongamos por caso que uno de esos pensamientos se queda a nuestras puertas esperando a entrar. Se queda ahí porque viene cargaíco de extras adicionales, como por ejemplo, los impulsos sessuales. Imaginemos que ese pensamiento es la imagen de una cajera o cajero que nos ha sonreído por la tarde, y que mientras hablamos con nuestra pareja sobre quién baña al gato, esa imagen lucha por entrar.


Como el subconsciente es muy pugnetero y conoce bien nuestras catacumbas, los pasillos subterráneos de nuestra mente, pues intenta entrar varias veces por diferentes sitios:

-Mariano,hay que bañar al gato... Mariano... me escuchas?... MA-RIA-NO!

-Dime, nena, perdona, ...que estaba pensando en los informes que le tengo que llevar a Peláez...


Una vez que la imagen consigue entrar, Mariano se imagina a la cajera, que le ha sonreído y que, por lo tanto, quiere acostarse con él y que le haga todas las cochinadas que ha visto en internet que se hace la gente. Mariano suda, se excita, se siente terriblemente culpable de que por un nanosegundo, cuando su novia está hablando por el micro, a él le viene la imagen de la cajera.


Mi consejo a Mariano es que se relaje. Que esa imagen es solo eso, una imagen, un pensamiento fugaz. Que simplemente se le está quedando ahí porque intenta combatirlo como si(als ob) fuera real. Pero no es real. Lo ha generado él, pero no significa que tenga un derecho especial a quedarse, ni que esté haciendo nada malo (esto sí que es cristiano, amiga Polar).


Una mala gestión de esos pensamientos, evidentemente, puede derivar en neurosis terribles. Si a Mariano se le escapa el nombre de la cajera en voz alta, puede derivar en una hostia de escándalo. Si el tipo escribe un diario (un relato pormenorizado de sus pensamientos, por lo tanto, esencialmente privado e íntimo, inviolable) y su novia se lo lee, puede generar tristeza, locura, peleas, ruptura.


Por ello ello no creo en la infidelidad de pensamiento, si ésta es en realidad una mala gestión de deseos desordenados. Por supuesto, si alguien suspira por otra persona, si le confiesa a sus amigos que no quiere a su novi@, si mira una y otra vez sus fotos (las de la otra), evidentemente hay un problema. Pero yo no llamaría infidelidad. Ni siquiera a eso.

La infidelidad tiene que ver con los actos. No hay más cera que la que arde.

Y ahora, los matices


Si flirteas con tu compi de despacho, si sales con ella a tomar una cerve después del curry, y en el fondo deseas que te devuelva las sonrisas de Joey el de Friends, si haces por quedarte con ella a solas a cada rato, si le mandas un sms de vez en cuando con la excusa más peregrina... pues entonces sí.


Pero es que eso son actos.





No sé de qué hacerme el sandwich.

esta cerve me la tomo a su salud, queridos lectores y gente del futuro.




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1 comentario:

  1. Sometimes i cant believe it, im moving past the feelings again...

    Yo ya digo, me parece un tema sencillo y controvertido. Mientras haya comunicación, cierta claridad y respeto, adelante mis valientes. En el amor y en la guerra casi todo vale, siempre y cuando uno sea un caballero, y no vaya queriendo pegar el braguetazo con quien sea. Hablo de actos, premeditados, conociendo todas las partes implicadas.

    En cuanto a fantasear, es libre, está claro, quien se torture a día de hoy con eso, tiene un pequeño problema, porque como dices, es más natural que meterse en un bar caliente en invierno a beberse una cerveza fresca...

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