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jueves, 13 de mayo de 2010

CASANDRA, por Mr Dry

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(otro post dionisíaco enmarcado en el ciclo de Los Mayos Locos, avisados quedan).
Casandra, la sibila délfica, literalmente en griego (Κασσάνδρα), la que enreda a los hombres. Ojo, hombres con pito (aner, andrós), no hombres en general o "seres humanos" (anthropós). Casandra, escupida en la boca por Apolo, y así condenada a prever el futuro y a que nadie la crea. Llorando y gritando la inminente destrucción de Troya y la muerte de Agamenón, humillada y desesperada.
Miguel Ángel la pintó en la Capilla Sixtina, y creo que es una de las cosas más bonitas que he visto jamás (aunque está a unos 25 metros del suelo y te dejas el cuello mirando para arriba mientras turistas gordos te empujan para hacer fotos del Juicio Final). Seguramente pensó " a esta chica hay que quitarle la maldición. Por todo lo que has llorado te voy a hacer un fresco que la gente lo va a flipar. Te voy a limpiar la sangre, y a soplarte en las heridas, te voy a devolver a como eras antes y te voy a parar el tiempo para que conserves esa paz que desprende tu mirada." Y luego su cuerpo, claro. Qué bonitos son los cuerpos de chicas que pinta Miguel Ángel, y qué increíble que los pintara a veces boca abajo, a veces acostado, casi siempre a la luz de las velas y viendo menos que un gato de escayola. Son cuerpos monumentales, musculados e incluso "deformados" (anamorfosis), porque están hechos para que se vean desde abajo, ya les digo: el techo de la capilla está a treinta metros. En fin, qué bonitos son los cuerpos de Miguel Ángel, y qué bonito es el tuyo. Ya no sé si me gusta porque me recuerda, o me recuerda porque me gusta. Qué buena estás, joer.
Será que soy un tirillas, que abandoné a mi cuerpo allá por el año dosmil -y miren que corría y jugaba al fútbol-, y quizá por eso, por ser un tirillas, me gustan las maravillas de un cuerpo esculpido por el deporte, la vida sana y la energía muevetrenes. Si ese cuerpo tiene unos ojos que puedes mirar desde cerca abrazado a su espalda, pues mejor que mejor. Si ese cuerpo huele y sabe como si el mismísimo Miguel Ángel hubiera creado una línea de cuidado corporal, pues no les digo nada. Y no les digo nada más porque Casandra soy yo también.
O sea, que no es Velazquez, es Miguel Ángel. Cuando estuve en Florencia me explicaron que en la Plaza de la Signoria, justo detrás del impresionante David de coña que tienen puesto, en la pared del ayuntamiento, Michelangelo Buonarrotti (la mejor de las Tortugas Renacentistas), esculpió un rostro. Y ustedes dirán "pues vaya mierda, nen, ¿y qué tiene eso de especial?". Pero esta vez no tendrán razón, porque la cosa está en que M.A. esculpió ese gepeto... de espaldas. Prueben, prueben: simulen que llevan un martillo en la mano derecha y un cincel en la izquierda. Ahora, lleven sus manos a la espalda e intenten dar golpes en el aire. Si tienen gente alrededor, seguramente pensarán que tienen ustedes el cocopallá. No se apuren, tarde o temprano se iba a descubrir. La belleza, cuando es grande, nos exige grandeza. Y el tipo que esculpió un getafe de espaldas (además de hacer cuatrocientas mil cosas superchulas), debe de ser el responsable de que tu cuerpo me vuelva tarumba.
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Que por mayo era por mayo, abrazos muyayos.
Profesor Drylicus.