martes, 29 de noviembre de 2011

INCONDICIONALES, PARTE II, por Eternal Sunshine of the Spotless Dry

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RESUMEN DE LO PUBLICADO (previously on TTjas): Mr Dry tiene una cita con una chica. Están cenando en un restaurante, y el camarero les aborda para decirle a Mr Dry que su cara le recuerda a un tipo muy feo de la tele. Al retomar la conversación, la chica le espeta al biofruit que acaba de salir de una relación de nueve años y medio, y que solo ha estado (en el sentido bíblico -y no tan bíblico- de la expresión) con su exnovio y con él, con Mr Dry.



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Qué bien me viene, en estos días de zozobra y de miseria espiritual, recordar momentos como éste, en el que una chica me enseñó una valiosa lección sobre la vida y el amor también. Pero para poder explicar en qué consistió, siento que tengo que hacer una contextualización que ríanse ustedes de las asignaturas llamadas "Introducción a..."


Cuando me dijo lo de que yo era la segunda persona en su vida se me disparó un pensamiento como un resorte: la teoría de las novelas y los poemas. Dicha teoría viene a captar con elegancia y economía algo que quizá ustedes hayan acaso percibido alguna vez; a saber, las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar una nueva relación. La formulación de la teoría sería como sigue: "Todos los hombres quieren ser el primer poema para la mujer. Todas las mujeres quieren ser la última novela para el hombre".


Y aquí viene otro paréntesis (¿entienden ahora por qué tengo que cortar el post en trozos?)



Según parece, a los hombres les encanta encontrarse mujeres (digamos "chicas") a las que descubrirles el mundo, en un role playing paterno-filial que ríete tú de Electra Garrigó. A los hombres les gusta la virginidad, pero no solamente para asegurarse de que sus espermatozoides acapararán al óvulo, sino también porque es sinónimo de candor, de inocencia, y en definitiva, de IGNORANCIA. Los hombres necesitan que haya un escalón para poder tenderle la mano a la dama desde arriba.

Por eso los hombres quieren ser primeros poemas. Quieren sentirse tutores, como los "tutores" griegos, que lo mismo te enseñaban aritmética, que se acostaban contigo y te instruían en las cosas del amor, y se podían llegar a convertir en tu erastés . Pero a estos niveles no se trata de ser especialmente brillante. En realidad, basta con ser ligeramente más listo que la chica, y sensiblemente menos lerdo que su ex novio. Los primeros poemas, al igual que las primeras borracheras, no necesitan de la sofisticación, sino de la inmediatez y el ímpetu. No es Dom Perignon en un restaurante francés, sino un botelleo en la playa (la luna y las estrellas obrarán el milagro).

Los hombres temen y rehúyen a las mujeres más listas que ellos porque no pueden jugar su juego.No pueden decir mentiras (v.g.exageraciones) a la orilla del mar porque se las van a cazar al vuelo. No pueden demostrarles lo que saben hacer, sea esto el pino puente o correr con la moto o citar a Benedetti. Si el hombre no se puede pavonear, ¿qué hará cuando estén juntos? ¿Admirarse de ella y subvertir el orden natural de las cosas? Já!

Huirán, si pueden evitarlo, de una mujer que ya esté "usada"; o sea, de la mujer a la que ya le hayan leído varios poemas; poemas en la playa, en Roma, en francés, de rodillas, bajo el agua y hasta desde un alféizar dispuestos a saltar. Ya la han besado en un acantilado y ya le han regalado rosas -una por cada mes, doce por cada año-, ya le han jurado que no había belleza igual y ya le han dicho que "no es por ti, es por mí" tantas veces que no quiere ni contarlas. Con ella no funcionarán los trucos burdos porque otro cabrón se ha adelantado.





(FIN DE LA SEGUNDA PARTE)







No me pongan en lo oscuro 
A morir como un traidor



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2 comentarios:

  1. pero entonces ¿le viste las mamellas o no?

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  2. escribes como un fenómeno,
    ¿quieres ser mi erómeno?

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