jueves, 23 de junio de 2011

AMADOR, por Dry


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Necesito escribir la historia de alguien que baja corriendo las escaleras, unas escaleras de ésas de corrala madrileña, pero decoradas con pendones y estandartes como de Juego de Tronos, y unas marujas le salen al paso y le gritan que no pise, que está fregado, y rugen como valquirias una advertencia de corifeo: eres bueno, eres mejor, pero te vas a hostiar.

El caso es que no sé cómo salir de ahí, porque no sé si:



a) ese bajar es "bajar para luego subir", cumpliéndose así una absurda ley tácita y contrafáctica: se puede hacer siempre que quede "bonito". Evidentemente, el efecto se diluye al ser puramente forma vacía de contenido.






b) ese bajar es "para bajar", pero entonces leyes narrativas más antiguas y fundamentales le reclaman al narrador que lleve al protagonista a algún sitio: que definan su motivación, que encuentre obstáculos para alcanzar su goal, y que lo alcance o no, pero que al menos veamos una evolución LÓGICA. En ese contexto, los cánticos tienen mucho más sentido, pero corremos un riesgo nuevo: que todo se puede convertir en una sucesión o MUY PREVISIBLE, o MUY INCOMPRENSIBLE (salvo para el narrador. Y a veces, ni eso).





Por ello, igual que a veces nos emborrachamos a lo pavo, probemos cosas artificiales como por ejemplo, las técnicas para desarrollar pensamiento lateral desatasca-problemas:


1.- PALABRA ALEATORIA:

La palabra aleatoria es "pistola", y quizá mi personaje lleve una pistola en la mano, o quizá alguien le espere en el patio (corrala de canto coral) para pegarle un tiro en la barriga.


2.- ESCAPE


En realidad no es una corrala, es realmente un palacio, y además el personaje no corre, sino que está parado, y por si fuera poco, no son las valquirias las que le gritan, sino que es él el que se desgañita gritando que es bueno, que es mejor que todo eso.


3.- PIEDRA EN EL CAMINO

El personaje es realmente un gigante, y cuando pasa por entre las maris casi las aplasta, y no oye cómo le gritan, y es tan grande que todas las grandes palabras de la gente de abajo no son sino pequeñas motas de polvo, granitos de arena bajo sus suelas.


4.- ANALOGÍAS

El protagonista es un adolescente, sin duda, y quizá bajar las escaleras corriendo es una metáfora de vivir la vida as fast as you can, sin tener en cuenta que empiezas a intuir que la época de los grandes discursos ya pasó. En definitiva es el Quijote, que escoge a Aldonza para convertirla en Dulcinea, y niega todas las evidencias necesarias para que la realidad le devuelva el reflejo que a él le gusta. En definitiva, va de eso, de una historia convertida en epopeya por obra y gracia del que la cuenta, no del que la vive.


5.- INVERSIÓN

La inversión típica sería hacer al personaje subir hacia su casa, de vuelta de fiesta por ejemplo. En la historia original, el protagonista sale de su casa para hacer la compra. Es de día y las marujas friegan los descansillos. En esta versión invertida, puede que vean la tele en sus casas, y que solo el brillo de los monitores ilumine un poco la escalera, y que aún así le oigan y le griten y le adviertan de que no es tan bueno como él cree, o quizá sus consejos no le han de servir en la vigilia, para enfrentarse al mundo real, sino en el sueño, quizá para bregar con sus pesadillas.







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