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El negro es mejor que tú:
Es más honrado y trabajador.
Para empezar a quererte,
Dejaré la cocaína.
Yo no soy mala:
Es que me han dibujado así.
Yo, que soy de los malos,
Quisiera volverme bueno.
Recuerdo la entrevista que le hicieron a Susan Sarandon una vez. Toda la entrevista era así como frivolona y glamourosa, con preguntas sobre las alfombras rojas y los cotilleos de Hollywood, y por supuesto con invasiones a su intimidad, cuando le preguntaban por su joven marido. En un momento de la entrevista, la periodista le pedía que dijera la cualidad que le resultara más atractiva en un hombre, y ella contestaba, tranquila como un olmo centenario o un faro en mitad de una tormenta: la bondad.
Luego, otro amigo, destrozado por la ruptura con la que había sido su chica durante un par de años, me decía, con ese dramatismo que no se puede fingir: ¿Y cómo voy a encontrar a otra chica que sea siquiera la mitad de buena que ella?
Pues sí, resulta que hay gente en el mundo que se fija en la bondad, y que eso les resulta atractivo. Dejando a un lado lo que cada uno de ellos, o nosotros, entienda por "bondad", resulta que hay gente que es capaz de desafiar el actual universo de valores del amor, y apostar por una cualidad de nombre viejuno y poca o ninguna prensa.
Petados de gimnasio, poetas sutiles, humoristas de primer nivel, sepan ustedes que no tendrán nada que hacer con algunas chicas que valoren la bondad por encima de todo.
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