Mostrando entradas con la etiqueta legítima legión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta legítima legión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de junio de 2010

LA LEGÍTIMA LEGIÓN, por Mr Dry




(Pasado ya por fin el mayo loco y en pleno período de descompresión)

Quizá si son ustedes jóvenes de cierta edad ya hayan tenido alguna vez una relación con alguien, y quizá –lo más normal- es que hayan salido con él o con ella a tomarse unos copales a algún bar; y quizá, si son ustedes seres humanos, habrán sentido la necesidad animal de echar un meo a mitad de la cita; y quizá hayan ido al baño, hayan meado -leyendo las simpáticas pintadas en la puerta o en las paredes del váter-, hayan tirado de la cadena y se hayan lavado las manos (cochinitos míos); y quién sabe, y allá vamos con el quid de la cuestión, quizá al salir se hayan encontrado a su pareja de usted manteniendo una conversación con un apuesto desconocido. Who´s that beautiful stranger? ¿Por qué se acerca a tu chica como si se le quisiera meter dentro?



Usted, que no es hombre de mundo, quizá desconozca que esa persona que revolotea en torno a su churri de usted puede pertenecer a una secreta -aunque omnipresente- sociedad; una sociedad de la que se tiene constancia desde tiempos de Mary la Castañera, y a la que se conoce con el nombre de la Legítima Legión de Tiradores de Trastos.
Formada por individuos de todos los sexos -aunque mayoritariamente hombres con pene-, la Legítima Legión se ha mezclado desde siempre y con mucha habilidad con los individuos normales de la sociedad, disimulando siempre para no ser descubiertos en su malévolo plan: levantarte a tu novia.
Cueste lo que cueste. Tarden lo que tarden. Acabarán en la cama con ella.
Lo harán engatusándola con frases cortas y rápidas, sonrisas mágicas y bradpiteras, miradas de misterio de las Mil y Una Noches. Atacarán sin descanso y en diferentes oleadas para conseguirlo al fin.
Muchos historiadores apuntan que su objetivo último es desestabilizar los mercados internacionales a base de ligarse a las novias de los demás, y créanme que a veces lo consiguen, como cuando a Pascal Mc Oki, un escocés cuya única posesión en esta valle de lágrimas era Peggy Sue, una espigada pelirroja profesora de Agrimensura Comparada en la Escuela Normal de Edimburgo, le levantaron a la chica mientras pedía unas pintas de Guinness en la barra. Aquello, por si no lo saben, hizo que cayera el precio de la lana escocesa hasta mínimos históricos, sumergiendo a todo el reino a una crisis que ríete tú de los peces de colores. Sin embargo, esta lectura político-económica de las intenciones de la Liga Secreta de los Tiradores de Tejas no es del todo aceptada por los estudiosos del tema, que prefieren imaginar motivos más inescrutables y oscuros.



Lo que sí está claro es que, con demasiada frecuencia, los Legionarios atacan al rival más débil: a aquellas personas que ni siquiera ellas mismas se explican qué hacen con sublimes ejemplares humanos por pareja. Pongamos el ejemplo de Vinicious Sid Pomelo, un brasileño que salía con una escultural garota de la playa de Ipanema, y que tuvo que aguantar toda una noche a un tal Palmiro, de vientre abdominado y sonrisa reflectante, que se encariñó de su chica y se les acopló durante interminables horas, en las que les invitó a caipirinhas mientras contaba historias de surf-a-la-luz-de-la-luna, o de fiestas-increíbles-en-discotecotecones-de-Río-de-Janeiro. Vinicious, blanco como la teta de una monja, encorvado, tímido y apocado, se limitaba a ver cómo su chica levitaba un palmo del suelo frente al flirteo del polloperas del pareo. Y asistía al rapto de Europa desde el mismo banquillo.


¿Qué enseñanzas sacar de la pervivencia de semejante grupo de agitadores?

Decía el del anuncio de Colón que hay que buscar, comparar y si se encuentra algo mejor, cambiarlo; y todos, en teoría, jugamos según esa regla: estamos con quien queremos estar, pero también, y sobre todo, queremos que esa persona quiera estar con nosotros de una manera positiva (esto es, no porque le dé igual o simplemente no quiera estar sola). Sin embargo, los Legionarios juegan a la destrucción de los lazos, quieren poner a tu chica mirando a Cuenca, pasan por encima de tus sentimientos como un balón de baloncesto bota encima de una delicada mariposa de origami. Ellos desean su cuerpo, su sonrisa, quieren verla desde arriba igual que la ves tú a veces, quieren ver su ropa interior hecha un buruño en el suelo de sus pisos de estudiantes. Son kamikazes que se lanzan contra tu portaaviones, lluvia en el día de tu boda, ladrones en tu chalet. No hay escudo contra ellos, nada puede protegerte. Nunca seas uno de los Legionarios.
.